Ovodonación: Nuestro Duelo Genético (I)

Cuando una pareja comienza a plantearse un tratamiento de fertilidad por ovodonación, surgen muchos dilemas (y prejuicios) tanto en el hombre como en la mujer, pero, sobre todo, en ella que es quien, a fin de cuentas, tiene que renunciar a que el futuro bebé lleve su carga genética. Al menos, así ha sido en nuestro caso. Os cuento nuestra experiencia.

Tras un diagnóstico aplastante de Fallo Ovárico Prematuro y una ICSI (inyección intracitoplasmática) fallida el pasado mes de abril, el equipo de Reproducción Asistida del hospital nos informó a mi marido y a mí que lograr un embarazo con mis óvulos era prácticamente imposible (menos de un 5 – 10 % de probabilidades de éxito) y que en caso de conseguirlo, los riesgos de aborto, parto prematuro o malformación del feto eran importantes. Ése fue el día que escuchamos por primera vez la palabra ovodonación (tratamiento de fertilidad con gametos de la pareja y de una donante). Que te anuncien esto con 32 años y después de más de 20 meses de búsqueda es desolador. La negación y la tristeza invadió mi alma.

Afrontar un tratamiento de reproducción asistida por ovodonación

Después de habernos proporcionado información distintos especialistas sobre la pésima calidad de mis óvulos, de recordarnos también lo delicado que tengo el útero (pues pese a que me quitaron 2 miomas por histeroscopia, tengo otros 5 que, en principio, no dificultan la implantación, aunque siempre, durante los embarazos, crecen y hay que controlarlos bastante...) y de insistirnos sobre el riesgo que había con Baja respondedora ovarica
un tratamiento más de ICSI de que se reprodujeran los que habían quitado (y esos sí que obstaculizan la implantación embrionaria), mi propio marido, con todo esto, un día en casa me dijo: "A ver Inés, nuestra situación es la siguiente: Lo hemos intentado con tus óvulos por ICSI una vez y no ha podido ser. Podemos hacer un segundo intento por la Seguridad Social pero sabemos de antemano que tenemos muy pocas probabilidades de éxito y nos arriesgamos a que con toda las hormonas del tratamiento se reproduzcan los miomas que te quitaron y, si esto pasa, lo tendríamos difícil hasta por ovodonación porque habría dificultades serias para la implantación...¿Por qué no lo intentamos con un tratamiento de ovodonación ahora que el útero lo tienes bien?. Son varios médicos los que nos han dicho que aumentamos las posibilidades de éxito a más de un 50%... por favor, piénsalo".


Tras aquel argumentario, le dije a mi marido que no me entendía, que ya veríamos si fuera él el que tuviera que renunciar a su ADN si pensaría lo mismo, que el niño o la niña no se parecería a mí, que qué diría la gente (con esta frase me lucí, desde luego), que igual cuando nuestro hijo o hija se enterase se llevaría una decepción...en fin...mi pobre marido aguantó el chaparrón lo mejor que pudo...Ahora me doy cuenta que dije muchas tonterías.

Nunca olvidaré aquellas semanas, aquellos meses. Lloré como nunca antes lo había hecho antes en mi vida. Los días carecían de sentido. Vacíos. Me dejé llevar por la inercia. Nada me apetecía, nada me hacía ilusión. Y, mientras tanto, toooodo mi entorno se iba quedando embarazado. En el trabajo empecé a tener descuidos que nunca antes había tenido. Con mi marido y mi familia discutía por cualquier cosa. No quería ver a ninguna amiga. Me centré única y exclusivamente en mirarme el ombligo. En autocompadecerme.

Y un día, sin más, mientras leía en la playa un rato, al observar a un nene corretear por la orilla jugando con su madre (tendría 2 añitos como mucho), caí en la cuenta: lo que yo realmente quiero es ser madre y si mis ovulitos no me pueden brindar esa oportunidad, pues habrá que plantearse otras opciones. Si logramos quedarnos embarazados por ovo, llevaré a nuestro peque 9 meses conmigo y sé que cuando ya esté con nosotros le voy a cuidar y a querer toda la vida.

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Diario de una baja respondedora ovárica
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Fecha de última actualización: 26/02/2019

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